30 ene. 2009

¿La Meca Verde?




La ciudad de Abu Dabi, la capital de los Emiratos Árabes, vive inmersa en una fiebre urbanizadora. En el centro urbano, torres y rascacielos rematados con estructuras singulares y caprichosas, hacen envejecer prematuramente edificaciones recientes, mientras nuevos esqueletos de hormigón compiten entre sí para modificar la silueta urbana del cielo. Sin embargo, a una hora de distancia en coche, el escenario cambia radicalmente. Estamos en otra burbuja. En un terreno arenoso, se está ultimando la construcción de una gran planta fotovoltaica que servirá para cubrir las necesidades energéticas de la construcción de la nueva ciudad de Masdar, ahora en obras. El emirato de Abu Dabi impulsa aquí la que será la primera ciudad con emisiones cero de dióxido de carbono...


...Sin duda, es una paradoja. Abu Dabi, que tiene el 90% de los recursos petrolíferos de los Emitatos Arabes (donde están las terceras mayores reservas mundiales, con casi 100.000 millones de barriles de crudo), impulsa un modelo de ciudad que apunta una era menos dependiente de los hidrocarburos. Sin embargo, la apuesta es creíble porque aquí la riqueza parece ilimitada y es visible en una urbe tan nueva y lujosa que resulta irreal. Masdar ha sido diseñada por el despacho del arquitecto británico Norman Foster y está en el epicentro de las millonarias inversiones en energías renovables que propulsa el emirato árabe a través de la firma Mubadala Development Company...

...Diseñada para acoger a unos 40.000 habitantes, los videos divulgativos dibujan una ciudad con imágenes que parecen salidas de Las mil y una noches o de Blade Runner y donde los coches no tienen cabida. Toda la energía procederá de fuentes renovables (sobre todo, de origen fotovoltaico), que cubrirán íntegramente sus necesidades de abastecimiento. Orientada hacia el nordeste para reducir insolación en paredes y ventanas, Masdar recuperará la tradicional trama urbana densa de las antiguas ciudades árabes amuralladas (kasba) en la que los edificios, al estar muy próximos entre sí en calles estrechas, reducirán las distancias en los trayectos y recortarán la necesidad de refrigeración.

¿Empezará en el golfo Pérsico el adiós al petróleo? Lo cierto es que los coches estarán vetados en Masdar. Los Porche y los enormes Toyota que reconían Abu Dabi deberán quedar estacionados en grandes aparcamientos extramuros, y habrá que viajar hasta aquí en tren, mientras que para los trayectos urbanos se han previsto unas vagonetas eléctricas sobre monorraíles cuyas paradas deberán estar a menos de 150 metros de distancia a pie. "Dispondremos de 2.000 vagonetas", explica Jaled Awad. Por su parte, las casas quedarán aisladas del sol y del calor mediante sucesivas capas de sombras, celosías, materiales aislantes y corrientes naturales. Además, se aprovechará el 100% de los residuos mediante el reciclado, la generación de energía y la transformación de la materia orgánica en compost, promete con convicción Awad.

El texto anterior es un extracto de la noticia aparecida en La Vanguardia el 26 de Enero (se puede leer completa aquí). Masdar podría ser un claro ejemplo de un nuevo modelo de urbanismo. Una disposición de la ciudad que disminuya las distancias recorridas por sus habitantes, un sistema de transporte público eficiente y un diseño urbanístico que minimice las necesidades energéticas para calefacción y refrigeración pueden suponer una disminución de emisiones de gases de efecto invernadero mucho más importantes que la propia sustitución de fuentes contaminantes por renovables. Sin embargo, hay algunos detalles en la concepción de esta ciudad que deben ser analizados cuidadosamente antes de señalarla como modelo de ciudad sostenible a seguir:

- ¿Es exportable este modelo de diseño de ciudad? Obviamente, no todas las ciudades podrán ser construidas desde cero y diseñadas íntegramente por un famoso estudio de arquitectura.

- ¿Es asumible el coste en alguna otra parte del mundo? ¿es necesario?

- En este nuevo modelo, se retoma la idea, ya criticada en otras ocasiones, de que la tecnología por sí sola podrá solucionar todos nuestros problemas. "No es necesario analizar el estilo de vida ni el consumo de los habitantes de Abu Dabi y futuros habitantes de Masdar, de hecho ni siquiera se plantea que este consumo debe ser modificado. Ya se encargarán las renovables de suministrar toda la energía que se quiera utilizar/malgastar" ¿es este el modelo de ciudad sostenible a imitar?

27 ene. 2009

Los malos humos de Google

A continuación unos extractos de la noticia que nos ha hecho llegar José Domingo Santos.
(Os recordamos que podéis mandarnos las vuestras a elcorreodelobservatorio@gmail.com).

Cada búsqueda en Google emite siete gramos de CO2 a la atmósfera
Esa es la conclusión a la que ha llegado el equipo que dirige este investigador norteamericano, cuyas cifras han sido hechas públicas durante la semana pasada y difundidas por la cadena británica BBC. Unos resultados, además, que confirman los ya obtenidos por otra reciente investigación, esta vez encargada por la consultora norteamericana Gartner, según la que las Tecnologías de la Información, en su conjunto, serían responsables de hasta el 2 por ciento de las emisiones globales de este gas de efecto invernadero.
El investigador de Harvard, por su parte, razona que las emisiones calculadas por él proceden de la electricidad necesaria para el funcionamiento del ordenador desde el que se realiza la búsqueda, sumada a la cantidad de energía que consumen los grandes centros de datos que Google tiene repartidos por todo el mundo y desde los que se da servicio continuamente a cientos de millones de personas.
Para el científico, la rapidez de los resultados que ofrece Google solo es posible porque el buscador utiliza varios centros de datos al mismo tiempo. Lo cual, evidentemente, aumenta el consumo energético y, por lo tanto, el nivel de emisiones.
La firma subraya que la búsqueda introducida por cualquier usuario desde cualquier ordenador del planeta devuelve resultados en menos de 0,2 segundos, lo que equivale a su vez a 0,2 gramos de CO2.

25 ene. 2009

NUEVOS RECORDS EN ENERGÍA EÓLICA




Como muestra la web de Red Eléctrica Española, este fin de semana se han alcanzado varios record importantes en la producción de energía eléctrica eólica nacional:

En primer lugar, durante la madrugada del Sábado, la potencia generada por los parques eólicos alcanzó un valor pico de 11.175 MW, lo que supuso el 41% del total de la demanda, y en segundo lugar, a lo largo del día se alcanzaron records históricos en energía total generada tanto diaria como horaria, llegando a producirse el 26% de toda la energía eléctrica demandada ese día (frente a un 19% de producción nuclear ó un 33,8% de hidrocarburos).

Estas excelentes noticias resultan particularmente importantes porque demuestran no sólo que la energía eólica tiene un gran potencial de producción en términos absolutos, sino también que es posible garantizar la seguridad del suministro produciendo un porcentaje muy alto de la energía mediante fuentes renovables y al mismo tiempo manteniendo los estrictos criterios de estabilidad de la red exigidos por REE.

20 ene. 2009

SOBRE NIEVE Y CAMBIO CLIMÁTICO

Explorando algunas de las sutiles pero fascinantes diferencias entre "Ciencia" y "Decir lo Primero Que Se Te Ocurre"


La ola de bajas temperaturas y nevadas que ha azotado recientemente Europa, parece haber venido para subrayar las tesis negacionistas -o "ecoescépticas", como prefieren sus valedores- de aquellos que, con el pretexto de la crisis financiera global, amenazan con destruir los ya de por sí escasos avances para lograr un control racional de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Así pues, este fin de semana podíamos leer un artículo en La Razón en el que se nos explicaba cómo la ola de frío ha sido, para muchos, la prueba que faltaba para sepultar el fantasma del cambio climático en la Tierra. El hecho cierto es que esa afirmación es un despropósito -como prácticamente todo lo demás en el escrito- y podría parecer inútil refutar un artículo de opinión de un periódico cuya extremista orientación política no es ningún secreto, en lugar de, por ejemplo, hablar de los graves recortes efectivos a las políticas ambientales que han tenido lugar en Poznan, o discutir sobre las consecuencias que se pueden sacar (sobre soberanía energética y alternativas existentes) de las recientes noticias del gas ruso.

Sin embargo, y al margen del trabajo que en El Observatorio llevamos en paralelo sobre estos temas, hemos considerado importante diseccionar este artículo ya que los argumentos que emplea están mucho más extendidos por la sociedad y en especial en los medios de comunicación de lo que deberían, sobre todo teniendo en cuenta que son principalmente una mezcla de datos sacados de contexto, clichés, falacias diversas y pura y simple charlatanería. Y lo que es mucho más importante: más allá de que los argumentos contra el Cambio Climático (CC.) sean insostenibles, los argumentos que lo demuestran son cada día que pasa más apabullantes. Lo que sucede es que -curiosamente- no son tan conocidos.

De hecho - de ahí el subtítulo- la diferencia entre unos y otros es básicamente la que existe entre la charleta de cafetería y el trabajo científico riguroso. Y, puesto que profundizar en esa diferencia es una de las tareas esenciales de nuestro grupo, eso es lo que se va a demostrar aquí, tratando de llegar a la raiz del asunto. Aunque resulte un poco largo.

El artículo arranca hablando de una gran cantidad de "gente" que opina que la "verdad oficial" (en cursiva el original) del CC. está claramente en entredicho, frente a la que se oponen Al Gore y sus "profetas" y la demagogia contra la que tanto han luchado (los primeros, claro). Este tono equilibrado e imparcial es una constante a lo largo de todo el artículo, y aunque no se mencionará más, ya da una idea de la calidad dialéctica o de la voluntad ecuánime de sus autores.
Esta "gente" -que ahora pasaremos a ver quién es- parece considerar que las nevadas ya son una prueba imparable en sí mismas, pero se avienen a darnos hasta cuatro argumentos más.

Si nos atenemos a lo que son propiamente los argumentos, quitando todas las opiniones personales y las afirmaciones gratuitas, la cosa queda más o menos así:

- Algunas alteraciones puntuales del clima no son responsabilidad del CC.
- "Los ecologistas" (ese ente abstracto) culpan de todo tipo de cosas absurdas al CC.
- Tanto partidarios como escépticos del CC. tienen datos que sostienen sus tesis. Este argumento se apoya dando algunos de los datos en contra (por supuesto, completamente descontextualizados y sin comparar su peso con el de los que están a favor. Más abajo vemos cómo resisten esa comparación).
- Ya no hay consenso acerca del CC. Esto significa que, aunque el IPCC ha aglutinado a una abrumadora mayoría de expertos demostrando mediante publicaciones científicas la existencia del CC. y su origen humano, artículos publicados en "New York Times", "Chicago Tribune" o "Daily Telegraph" están en contra.

Ya se ve que los argumentos son -en el mejor de los casos- de poco peso. De hecho, el segundo ni siquiera es un argumento, sino sólo un ataque a los malvados y todopoderosos "lobbies ecologistas". Pero claro, es que este artículo no va de argumentar en serio. Principalmente porque si así fuera, habría que comparar las sandeces que dice con el Cuarto Informe del IPCC de 2007, donde un grupo internacional e interdisciplinar de centenares de expertos en todas las materias relevantes, trabajando bajo el mandato de la ONU -y que, incidentalmente, fue galardonado en 2007 con el premio Nobel de la Paz por ello-, ha revisado toda la producción científica mundial (esta gente ni siquiera promociona sus propias investigaciones), no sólo concluyendo que el CC. está originado por fenómenos antropogénicos, sino dando ya estimaciones de las consecuencias concretas que tendrá en función de las acciones que tome la Humanidad en las próximas décadas. Por supuesto, como son científicos y no magos, estas estimaciones tienen una importante flexibilidad (lo que significa que las cosas pueden ser menos graves de lo previsto, pero también que pueden serlo más), pero incluso en los escenarios más optimistas, las consecuencias de seguir como hasta ahora son escolofriantes[1].

¿Entonces de qué va realmente este artículo? De tratar de crear la impresión de que existe un debate real sobre el tema. Pero claro, como eso no es verdad, primero tiene que convencernos de que las meras opiniones arbitrarias tienen la misma validez en un tema científico (como es el CC., mal que les pese) que los estudios rigurosos y contrastados con datos reales. Y es que la mayor parte de lo que se dice a modo de argumentos son citas no referenciadas (respaldadas por algún tipo de estudio publicado) ni justificadas de un puñado de individuos que se nos propone ambiguamente como "expertos" sacados de esa brumosa pero aparentemente aplastante masa de "ecoescépticos". Resulta bastante interesante echar una ojeada a quién es esta gente:

Jorge Alcalde, periodista y escritor. Además, este señor es director de Quo, "La Revista de Ciencia, Tecnologías y Sexo" [sic], de reconocido prestigio internacional, libre de toda sospecha de amarillismo.

Gabriel Calzada, doctor en Economía y profesor asociado en la Univ. Rey Juan Carlos. Dirige el instituto Juan de Mariana -un think-tank ultraliberal dedicado a difundir las bondades del libre mercado- y fue presidente del Centre for the New Europe cuando en 2003 recibió 40000$ de la petrolera Exxon. Y es que eminencia e imparcialidad a menudo van unidas.

Antón Uriarte, del que se puede decir al menos que ha estudiado una carrera de ciencias (Doctor en geografía). Sin embargo, este "experto" en climatología, no tiene niguna publicación científica conocida, de lo que se deduce que no se dedica ni se ha dedicado nunca a la investigación (o al menos, lo ha hecho de manera extremadamente inepta).

Por último, Ernesto Villar (autor del artículo) es periodista por la Univ. San Pablo CEU y dirige la sección Local de La Razón (es decir, ni siquiera es periodista científico).

A todo esto se puede añadir que los dos primeros son además habituales de La Razón, Libertad Digital, Libertad Digital TV, etc. así como de Liberalismo.org y otros puntos de la llamada "blogosfera liberal". Y también que con esto no se pretende presumir de conocimientos del mundillo: esta información es lo que se puede encontrar trasteando con google un rato. Es de suponer que una investigación más seria revelaría más detalles simpáticos.

Aquí, no obstante, hay que hacer una matización muy importante, ya que nos lleva al quid de la cuestión: la crítica central a este artículo (y a tantos otros que clonan los disparates que dice) no está en el ataque a las personas que lo escriben o que opinan en él. Aunque la comparación resulta muy desfavorable (cuatro señores con poca o nula formación relevante ligados a grupos mediáticos de ultraderecha y/o corporaciones petroleras frente a una institución de la ONU con 20 años de trayectoria y cientos de científicos expertos en el tema), el verdadero argumento es que los primeros hablan por hablar (y ya puestos, barriendo para casa) y los segundos ofrecen resultados científicos. Y por mucho que duela, cuando se trata de un tema científico, lo que vale son los argumentos científicos. Lo que también es verdad es que, dado el nivel de sofisticación de cualquier campo del conocimiento científico a día de hoy (y la modelización del CC. está en muchos aspectos en los límites de lo que se sabe de geofísica y climatología), no tener absolutamente ningún conocimiento académico del mismo o no realizar ninguna actividad profesional científica puede resultar un pequeño escollo a la hora de aportar argumentos de ese tipo. El tipo de pequeño escollo que en otros campos -como la medicina o la ingeniería- se llama “Intrusismo profesional”. De ahí el interés de saber quién dice qué cosas.

Y es que claro, tampoco es un problema de cómo ponemos la etiqueta a las cosas: en ese sentido, ciertos disparates (como el artículo) se leen o escuchan habitualmente en el tono condescendiente y ligeramente irritado de quienes tienen que repetir una vez más lo obvio. Llaman "pseudociencia" a la ecología, y luego, en la única intervención del único "científico" del artículo (parece que ni siquiera él tenía nada más que decir), se nos advierte, por ejemplo, que el problema es insistir en relacionar el CC. con la hambruna. Cuando los informes científicos, basados en modelos de predicción metereológica y en series de mediciones ambientales, nos dicen que de aquí al 2020, la producción agrícola africana se reducirá hasta en un 50% como consecuencia del CC. (disminución de lluvias, desertificación, etc.). Pero qué tendrá que ver...

¿Entonces qué es lo que diferencia un argumento científico de otro que no lo es? Evidentemente, esta pregunta se pierde en las profundidades de la Epistemología y la Filosofía de la Ciencia (se puede empezar por aquí). Sin embargo, es posible dar una respuesta provisional pero práctica: es científico un argumento basado en razonamientos bien estructurados y relacionados con datos reales relevantes y estadísticamente significativos. En el artículo nos dicen que el último invierno ha sido el más gélido desde 1948. Puede que sea cierto, pero los últimos doce años son los más cálidos desde 1850. Y desde entonces la temperatura media ha aumentado 0.12 ºC por decenio, con una tendencia que se acelera. Por otra parte el CC. no significa simplemente que aumente la temperatura, sino que se hacen más frecuentes los fenómenos climáticos extremos. En el artículo nos dicen que el hielo de la Antártida ha crecido hasta su record histórico (?). No explican ni cuánto ni de dónde sale ese dato ni siquiera qué quiere decir exactamente. El IPCC describe observaciones satelitales que miden desde 1978 disminuciones anuales del 2.7% (y hasta el 7.4% durante el verano) de hielos marinos Árticos. Y en éste, como en todos los demás datos, dan la referencia del estudio del que se extrajeron. Y estos estudios, además están publicados en revistas en las que expertos independientes pero críticos controlan la calidad de lo publicado.

Y podríamos seguir así ad nauseam, pero es inútil. Porque al final, estamos comparando el escalofriante dato de que China sufrió en 2008 el invierno más frío de los últimos 50 años con casi 29.000 series (referenciadas) de mediciones a nivel global en las que el 94% es consistente con un aumento de las temperaturas de origen antropógeno. No hay ningún debate serio en el mundo científico.

Y por si estos señores tan condescendientes y ligeramente irritados quisieran perderse en las sutilezas de la definición de lo que es o no es Ciencia, o acusaran a los científicos de corporativistas y elitistas, yo les preguntaría si, en caso de padecer una horrible y peligrosa enfermedad (no lo quiera la fortuna) que les obligase a recibir un tratamiento experimental, preferirían recibir uno desarrollado por bioquímicos, probado por médicos y cuya eficacia estuviera demostrada por una docena de artículos publicados en revistas científicas, o si optarían en su lugar por uno desarrollado por periodistas, probado por economistas (con turbias relaciones con la compañía farmacéutica interesada) y cuyas pruebas sólo estuvieran publicadas en un artículo de opinión del Daily Telegraph. La respuesta seguramente daría para poca polémica.

Pues el Cambio Climático es horrible. Y peligroso. También hay dos tratamientos disponibles. Y ninguna polémica acerca de cuál es el correcto.



[1]Sobre los detalles del informe (que van más allá del propósito de este artículo), El Observatorio propone encarecidamente su lectura, aunque sea rápida (hay una versión resumida perfectamente asequible para cualquier lector sin conocimientos especializados). La diferencia de forma, tono y sobre todo, orden de magnitud de la evidencia, resultan obvios sólo con echarle un vistazo.

15 ene. 2009

El termómetro del mercurio

Comentábamos en la primera noticia de este blog una de las consecuencias del progresivo deshielo del Ártico: la aparición de una nueva fuente natural de metano. Pues bien, parece que ahora es el turno del mercurio.

A continuación unos extractos de esta noticia publicada recientemente por el diario Público:

El deshielo del Ártico libera mercurio al océano

Las emisiones de mercurio han disminuido durante la última década. La regulación de residuos y los tratamientos alternativos en diferentes procesos industriales parecen haber surtido efecto. Sin embargo, los niveles del llamado "mercurio orgánico" o metil mercurio han aumentado en el Ártico, en animales como belugas u osos polares, durante el mismo lapso de tiempo.
Esta aparente contradicción puede ser debida a uno de los efectos del cambio climático. El mercurio es un elemento muy volátil, que se desplaza a grandes distancias por el aire desde los lugares templados, donde hay más actividad industrial, a los polos, gracias a las corrientes. Este metal líquido es absorbido al contactar con el agua de mar, y puede pasar a formar moléculas de metil mercurio.
"Hay otro problema añadido", continúa Wang."La capa de permafrost, ese suelo que se mantiene congelado todo el año debido a las bajas temperaturas en zonas como Siberia o Canadá, cada vez es menor". El deshielo del permafrost también incentiva la absorción de mercurio por parte del agua en estado líquido. Y el agua que se descongela en tierra siempre va a parar al mar.
En invierno, la cantidad de mercurio en el aire es de unos 1,6 nanogramos por metro cúbico; en verano, cuando el deshielo transforma el estado del agua de sólido a líquido, esos niveles de mercurio bajan en el aire hasta 0,1 nanogramos por metro cúbico.
"Hemos dejado de emitir mercurio de forma descontrolada", dice el doctor Gary Stern del departamento de Pesca y Océanos de la misma Universidad de Manitoba, "pero animales como las belugas aumentan su tendencia a acumularlo en el cuerpo".
Es la formación y disolución de este hielo la que parece favorecer la entrada de mercurio en el ecosistema marino, por lo que, aunque haya disminuido la fuente de emisión, mucho del mercurio que circula por la atmósfera podría acabar movilizándose hacia el océano.